Cálculos en las vías urinarias (piedras)

Las piedras (cálculos) son masas duras que se forman en las vías urinarias y que pueden causar dolor, hemorragia o una infección, o bien bloquear el flujo de orina.

Los cálculos de las vías urinarias comienzan a formarse en un riñón y pueden aumentar de tamaño en un uréter o en la vejiga. Según el lugar donde esté situado el cálculo, se denomina cálculo renal, cálculo ureteral o cálculo vesical. El proceso de formación del cálculo se llama urolitiasis, litiasis renal o nefrolitiasis.

Cálculos renales

Tipos de cálculos

Los cálculos están compuestos de minerales presentes en la orina que forman cristales. A veces estos cristales crecen en el interior de los cálculos. Cerca del 85% de los cálculos están compuestos de calcio, y el resto están formados por varias sustancias, que incluyen ácido úrico, cistina o estruvita. Los cálculos de estruvita (una mezcla de magnesio, amonio y fosfato) también se denominan cálculos de infección, porque solo se forman en orina infectada.

Causas

Los cálculos se forman cuando la orina está demasiado saturada de sales que luego se convierten en cálculos o porque la orina no tiene inhibidores de la formación de cálculos.
Los cálculos son más frecuentes en personas con ciertas enfermedades (por ejemplo, hiperparatiroidismo, deshidratación y acidosis tubular renal) y en las personas cuya dieta es muy rica en proteínas de origen animal y vitamina C o en quienes no consumen suficiente agua o calcio.
Las personas con antecedentes familiares de formación de cálculos son más propensas a tener cálculos de calcio y a padecerlos con mayor frecuencia.

Síntomas

Los cálculos, especialmente los minúsculos, pueden ser asintomáticos. Los cálculos de la vejiga pueden causar dolor en la parte inferior del abdomen. Los que obstruyen el uréter, la pelvis renal o cualquiera de los conductos de evacuación del riñón, producen dolor de espalda o un cólico renal. El cólico renal se caracteriza por un dolor insoportable e intermitente, que suele localizarse en la zona entre las costillas y la cadera, que se extiende por el abdomen y con frecuencia hasta la región de los genitales. El dolor tiende a producirse en oleadas, aumentando gradualmente hasta su máxima intensidad, para luego desaparecer en un periodo de 20 a 60 minutos. El dolor se irradia a la parte baja del abdomen, hacia la ingle y los testículos o la vulva.

Otros síntomas incluyen náuseas y vómitos, desazón, sudoración y presencia de sangre, de un cálculo o de un fragmento de cálculo en la orina. La persona puede sentir la necesidad imperiosa de orinar con frecuencia, en especial cuando el cálculo desciende por el uréter. Escalofríos, fiebre, ardor o dolor al orinar, orina turbia y maloliente, además de hinchazón abdominal en algunas ocasiones.

Diagnóstico

• Síntomas
• Tomografía computerizada

Los médicos suelen sospechar la presencia de cálculos en las personas que presentan cólico renal. Algunas veces la sospecha del médico se basa en la respuesta dolorosa a la palpación en la espalda y la ingle o dolor en la zona genital sin ninguna otra causa aparente. Encontrar sangre en la orina apoya el diagnóstico, pero no todos los cálculos provocan la presencia de sangre en la orina. En ocasiones, los síntomas y los hallazgos de la exploración física son tan específicos que no se necesitan pruebas adicionales, particularmente en las personas que han tenido cálculos en las vías urinarias anteriormente. Sin embargo, la mayoría de las personas sienten un dolor intenso y presentan síntomas y hallazgos que hacen probables otras explicaciones para el dolor, así que es necesario realizar pruebas complementarias para excluir esas otras causas.

Cálculos en el riñón

La tomografía computarizada (TC) helicoidal (también llamada espiral) realizada sin material de contraste radiopaco suele ser el mejor procedimiento diagnóstico. La TC puede localizar el cálculo y también indicar el grado de obstrucción de las vías urinarias; también detecta muchas otras anomalías que pueden causar un dolor similar al producido por los cálculos. La principal desventaja de la TC es que las personas que se someten a ella están expuestas a radiación. A pesar de ello, este riesgo parece prudente cuando las causas posibles incluyen otras enfermedades graves que podrían ser diagnósticadas con la TC, como un aneurisma aórtico o una apendicitis. En la actualidad se usan de forma habitual dispositivos y métodos de TC más nuevos que limitan la exposición a la radiación.

La ecografía es una alternativa a la TC y no requiere exposición a la radiación. Sin embargo, la ecografía, en comparación con la TC, no suele identificar los cálculos pequeños (especialmente cuando están instalados en el uréter), ni la localización exacta de la obstrucción en las vías urinarias, ni algunos de los otros trastornos graves que puedan causar los síntomas.

La radiografía de abdomen expone a la persona a mucha menos radiación que la TC, pero son mucho menos precisas en el diagnóstico de cálculos y solo pueden mostrar los cálculos de calcio. Cuando los médicos sospechan que la persona tiene un cálculo de calcio, la radiografía es una alternativa para confirmar su presencia o ver hasta dónde ha llegado el cálculo en su descenso por el uréter.

La urografía excretora (anteriormente denominada urografía intravenosa o pielografía intravenosa) consta de una serie de radiografías tomadas después de una inyección intravenosa de un medio de contraste radiopaco. Esta prueba puede detectar cálculos y determinar con precisión el grado con el que están bloqueando las vías urinarias, pero se tarda mucho tiempo y conlleva el riesgo de exposición al medio de contraste (por ejemplo, una reacción alérgica o empeoramiento de la insuficiencia renal). La urografía excretora se utiliza muy poco si hay posibilidad de practicar una TC o una ecografía.

Suele realizarse un análisis de orina, que puede mostrar la presencia de sangre y pus en la orina, tanto si se han manifestado síntomas como si no.

 

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